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En
el mes de Agosto del 2001 cumplí medio siglo de haber nacido en
el espacio preparado para las mejores intenciones de quienes me trajeron
a este Valle de las Utopías. Tal vez por eso es que dediqué
todo este tiempo a mirar hacia atrás para alimentarme de las esencias,
de las consignas que crearon los ancianos para la sobrevivencia. Es cierto
que con los años se aprende a valorar lo pasado y lo hice desde
la juventud más tierna: resulta necesario abrevar en lo que se
nos instruía desde el analfabetismo y lo que aportaba la escuela
y la sociedad. En ese delicado equilibrio de la balanza de los tiempos
comencé a comprender que todo vale cuando uno desea aprender y
progresar en los campos del conocimiento; lo único que no se aprende
es a hacerlo en el tiempo justo, pero quedan escalones para proseguir
con los ideales y nunca será tarde.
Este libro recoge testimonios y compromisos, anécdotas y misceláneas.
Deja librado al lector el armado del singular rompecabezas de engranar
los eslabones de etnias y profesiones, de venidos y recienvenidos, de
saltimbanquis y creadores, de campesinos y urbanos, de personajes y personas
comunes. A todos los une el hilo invisible de la convivencia en un mismo
tiempo y espacio que les dio esta pródiga naturaleza de El Bolsón
y la Comarca Andina del Paralelo 42.
Mi humilde pretensión es sumar sus voces a un álbum imaginario
en el que todos puedan aportar lo suyo desde el ángulo de la vida
que aquí les tocó realizar: músicos, sogueros, camioneros,
yuyeros, chicheros, aborígenes – sus creencias y luchas -
carpinteros, pintores, ingenieros, curas, policías, gendarmes,
salmoniadores, rezadores, exorcistas, borrachines y abstemios, cocineros,
asadores, tejueleros, hilanderas, tejenderas, periodistas, canillitas,
todos tienen su espacio relatados por ellos mismos. Mínimamente
les organicé el discurso para darle unidad al texto que presento.
Serán muchos los que se han de emocionar con su lectura, otros
recordarán los tiempos viejos y, si la lágrima es oportuna,
la sal es buen condimento para la evocación....
Lic. Juan Domingo Matamala
Septiembre del año 2.001 |