Marzo
del año 2.003
Consideraciones
generales
El rol
de la mujer en el desarrollo de los pueblos ha sido siempre silenciosa
y opacada por la supremacía dada a los hombres en la realización
de todas las obras. Particularmente en el rescate de sus obras se las
deja de lado como que lo realizado ha sido lo inherente a su carácter
femenino de madre y esposa.
Una simple enumeración de aquellas funciones incluye: la crianza
de los hijos, la inculcación de valores éticos, morales,
religiosos, higiene, tareas hogareñas, alimentación, y
normas de convivencia social. Semejante gama de actividades realizadas
en la soledad de la casa implican una ciclópea labor que se desempeña
sin pedidos de difusión ni agradecimientos. La mujer pionera
de la Comarca le sumó, en la mayoría de los casos, el
desarraigo de sus lugares de origen y el temprano desarraigo de los
lazos familiares.
Las tareas domésticas, consideradas por la cultura imperante
como propios de la femineidad implicaban la nulidad de la ayuda del
esposo o compañero para llevarlas a cabo: lavar ropa, cocinar,
hacer la huerta, y la vestimenta.
En ese ámbito es importante afirmar que fueron las mujeres los
verdaderos sostenes de la actividad colonizadora que se llevó
a cabo en la región. Las mujeres también llevaron la antorcha
de la permanencia de la memoria oral, estrechamiento de los lazos familiares
y la educación.
Al evocar a las mujeres pioneras en los diversos rubros de la actividad
desarrollada se tropieza con nombres que no resuenan como conocidos
y eso es el fruto de los permanentes silencios de historiadores y escritores
comarcales por signarlas con la bendición de un recuerdo.
Es idea de este trabajo rescatarlas del olvido y traer como muestra
sólo algunas de las que hicieron a pesar de los silencios una
digna actividad.
Aurora
Cerda de Rubilar
Esta mujer
llegó a la zona de Lago Puelo en 1910 y cursó estudios
en la escuela 16 de Las Golondrinas, cuyo Director era Pedro Pascual
Ponce. Luego tomó clases con el maestro Remigio Nogués..
Se casó con Pedro Rubilar, un campesino chileno, con quien se
afincó a las orillas del Lago Puelo en 1918. Fue hilandera, tejedora,
agricultora y madre de dos hijos. Su lucha más enconada fue por
evitar que le quitaran la tierra en donde había luchado. Las
Autoridades de Parques Nacionales decidieron expulsar a los pobladores
ribereños del Lago para abarcar la superficie del Parque. Aurora
en su condición de argentina nativa era la única que podía
defender su terruño para no ser exiliada en su propia patria.
Luego de todos los papeleos legales logró salvar parte de su
enorme propiedad y murió a los 114 años recordando su
lucha en el sitio que había elegido para vivir.
Cuando el Jefe de Parques la conminó a retirarse del lugar le
preguntó: - ¿Y Ud. donde nació?. Aurora le contestó:
- Yo nací sobre un pedazo de tierra y aquí me quedaré
viviendo porque no es vida que a una la anden empujando de un lado a
otro”. El jefe sonrió y jamás la volvieron a molestar.
Aurora Cerda de Rubilar es un ejemplo de la transmisión de conocimientos
en el seno del hogar ya que sus descendientes siguieron siendo exclentes
hilanderas y tejenderas y vivieron de la huerta familiar trabajándola
como su madre se lo enseñó.
Claudina
Muños de Cerieldín
Doña
Caludina Muñoz fue hija de una de las familias tradicionales
de El Bolsón. La ola migratoria de árabes a la zona puso
en su camino a Hamdén Cerieldín, un libanés que
se afincó en la zona para explotar el rubro comercial.
A la hora de nomenclar su negocio de Ramos Generales, haciendo honor
a su enamoramiento, le puso el nombre de “la Bolsonesa",
honrando a la nativa del lugar.
Con ello logró fijar el patronímico de los habitantes
del fecundo Valle de El Bolsón, que a partir de entonces se llamaron
bolsoneses.
Claudina acompañó desde la sombra a su esposo en el próspero
negocio de la Avenida Sarmiento y Azcuénaga y crió sus
hijos y fue el sostén de su esposo en las relaciones comerciales
ayudándole incluso en su mal chapuceado castellano.
Margarita
Noches de Carrasco
Existía
en el actual Barrio Villa Andén de El Bolsón, una fonda
denominada “ La Chilena” que hacía honor a su propietaria;
Margarita Noches. Esta mujer fue el alma máter de esta incipiente
actividad hotelera recibiendo en su casa a los vecinos que debían
pernoctar luego de hacer sus compras mensuales en la zona.
Albergaba también a los dueños de caballos de carreras
que se acercaban en las fechas patrias y otros festejos a pasar algunos
días de parranda. Ella era una anfitriona singular y fue el puntal
para el crecimiento de la zona.
Al denominársela “La Chilena”, de alguna manera se
ocultaba en la sombra a la mujer, que muy pocos conocían con
su verdadero nombre. Cocinar, limpiar, aconsejar y aguantar a los borrachines
que se daban cita por ahí fue una de las tantas tareas que le
cupo realizar.
Liria Mora de Crespo
En la esquina
de Sarmiento casi Pellegrini existía una casa que se llamaba
“La fonda de Crespo” que marcó un hito en la hotelería
regional que data de 1930. En esta ocasión el apellido del marido
no dejó saber de la identidad de su dueña, Doña
Liria, por cuya fonda desfilaron los visitantes más importantes
de la zona, incluso compañías teatrales y músicos.
Era Liria la que sostuvo con su trabajo incansable la delicada estructura
de aquellos primeros atisbos de turismo de El Bolsón.
Fue ella la pionera en la utilización de la publicidad en los
medios gráficos para dar a conocer su actividad en El Bolsón.
Los medios de prensa regionales la incluían en su publicidades
en donde aparecía su nombre y apellido completo.
Juana Sheffield
Juana
Sheffield es la única hija del legendario Sheriff norteamericano
que aún vive en la zona de Cuesta del Ternero. A ella le cupo
el enorme destino de ser la persona que por primera vez vio al Plesiosaurio,
ese animal mitológico, que su padre dijo haber visto en la Laguna
Negra, cerca de Epuyén.
Juana transmitió esa vivencia a sus descendientes dando las características
de aquella visión y fundamentando lo que todos consideraron una
fabulación de una mente afiebrada de un yanqui aventurero.
Sin embargo, gracias a esa narración, los ojos del mundo se fijaron
en esta zona y comenzaron a atraer a cada vez más turistas de
todas las latitudes a conocer este paraíso.
Si bien los resultados de la expedición de búsqueda del
plesiosaurio quedó trunca, aquel relato despertó el interés
por conocer un poco más de esta apartada zona.
Juana Sheffield es un ejemplo de mujer luchadora y que no se amilanó
ante nada y fundó su familia y la sostuvo con su trabajo y tesón.
Otras
mujeres olvidadas
Las mujeres
que se desempeñaron en otras actividades fuera del hogar como
las enfermeras, porteras, maestras, parteras y yuyeras no han sido reconocidas
en su aporte al crecimiento comarcal.
Bien vale la pena rescatar a Doña Maclovia Huenchupán
quien fue en su oficio de yuyera y rezadora una presencia destacada
al lado de los enfermos o rezando los novenarios y recordatorios a los
seres difuntos de la comunidad.
Doña Chato que se destacó como partera
o comadrona y siendo reconocida por la comunidad por su importante labor
de traer al mundo a los hijos de sus congéneres.
Doña Adela Oyarzo que fue una quintera sin parangón
que aún vive y cultiva sus huerta familiar transmitiendo a todos
los conocimientos ancestrales traídos de su país natal:
Chile.
Las primeras maestras que se afincaron en la zona que debían
saber andar a caballo para tarsladarse a sus lejanos lugares de trabajo,
manejar el hacha, hacer fuego y huerta escolar además de impartir
conocimientos, debían aprender a manejarse en un medio hostil
y extraño. Su tarea más difícil sin duda fue hacer
respetar los símbolos patrios en una tierra poblada en su mayoría
por ciudadanos chilenos.
Todas las mujeres cumplieron esta silenciosa tarea sin reclamar nada
a cambio, pero no se puede dejar de reconocerles su indubitable capacidad
de transmitir a las generaciones futuros toda su experiencia y capacidad.