Miscelánea
*por el Lic. Juan Domingo Matamala
 
Mujeres pioneras de la Comarca Andina del Paralelo 42
Historias diminutas de grandes mujeres
 

Marzo del año 2.003

Consideraciones generales

El rol de la mujer en el desarrollo de los pueblos ha sido siempre silenciosa y opacada por la supremacía dada a los hombres en la realización de todas las obras. Particularmente en el rescate de sus obras se las deja de lado como que lo realizado ha sido lo inherente a su carácter femenino de madre y esposa.
Una simple enumeración de aquellas funciones incluye: la crianza de los hijos, la inculcación de valores éticos, morales, religiosos, higiene, tareas hogareñas, alimentación, y normas de convivencia social. Semejante gama de actividades realizadas en la soledad de la casa implican una ciclópea labor que se desempeña sin pedidos de difusión ni agradecimientos. La mujer pionera de la Comarca le sumó, en la mayoría de los casos, el desarraigo de sus lugares de origen y el temprano desarraigo de los lazos familiares.
Las tareas domésticas, consideradas por la cultura imperante como propios de la femineidad implicaban la nulidad de la ayuda del esposo o compañero para llevarlas a cabo: lavar ropa, cocinar, hacer la huerta, y la vestimenta.
En ese ámbito es importante afirmar que fueron las mujeres los verdaderos sostenes de la actividad colonizadora que se llevó a cabo en la región. Las mujeres también llevaron la antorcha de la permanencia de la memoria oral, estrechamiento de los lazos familiares y la educación.
Al evocar a las mujeres pioneras en los diversos rubros de la actividad desarrollada se tropieza con nombres que no resuenan como conocidos y eso es el fruto de los permanentes silencios de historiadores y escritores comarcales por signarlas con la bendición de un recuerdo.
Es idea de este trabajo rescatarlas del olvido y traer como muestra sólo algunas de las que hicieron a pesar de los silencios una digna actividad.

Aurora Cerda de Rubilar

Esta mujer llegó a la zona de Lago Puelo en 1910 y cursó estudios en la escuela 16 de Las Golondrinas, cuyo Director era Pedro Pascual Ponce. Luego tomó clases con el maestro Remigio Nogués.. Se casó con Pedro Rubilar, un campesino chileno, con quien se afincó a las orillas del Lago Puelo en 1918. Fue hilandera, tejedora, agricultora y madre de dos hijos. Su lucha más enconada fue por evitar que le quitaran la tierra en donde había luchado. Las Autoridades de Parques Nacionales decidieron expulsar a los pobladores ribereños del Lago para abarcar la superficie del Parque. Aurora en su condición de argentina nativa era la única que podía defender su terruño para no ser exiliada en su propia patria. Luego de todos los papeleos legales logró salvar parte de su enorme propiedad y murió a los 114 años recordando su lucha en el sitio que había elegido para vivir.
Cuando el Jefe de Parques la conminó a retirarse del lugar le preguntó: - ¿Y Ud. donde nació?. Aurora le contestó: - Yo nací sobre un pedazo de tierra y aquí me quedaré viviendo porque no es vida que a una la anden empujando de un lado a otro”. El jefe sonrió y jamás la volvieron a molestar.
Aurora Cerda de Rubilar es un ejemplo de la transmisión de conocimientos en el seno del hogar ya que sus descendientes siguieron siendo exclentes hilanderas y tejenderas y vivieron de la huerta familiar trabajándola como su madre se lo enseñó.

Claudina Muños de Cerieldín

Doña Caludina Muñoz fue hija de una de las familias tradicionales de El Bolsón. La ola migratoria de árabes a la zona puso en su camino a Hamdén Cerieldín, un libanés que se afincó en la zona para explotar el rubro comercial.
A la hora de nomenclar su negocio de Ramos Generales, haciendo honor a su enamoramiento, le puso el nombre de “la Bolsonesa", honrando a la nativa del lugar.
Con ello logró fijar el patronímico de los habitantes del fecundo Valle de El Bolsón, que a partir de entonces se llamaron bolsoneses.
Claudina acompañó desde la sombra a su esposo en el próspero negocio de la Avenida Sarmiento y Azcuénaga y crió sus hijos y fue el sostén de su esposo en las relaciones comerciales ayudándole incluso en su mal chapuceado castellano.

Margarita Noches de Carrasco

Existía en el actual Barrio Villa Andén de El Bolsón, una fonda denominada “ La Chilena” que hacía honor a su propietaria; Margarita Noches. Esta mujer fue el alma máter de esta incipiente actividad hotelera recibiendo en su casa a los vecinos que debían pernoctar luego de hacer sus compras mensuales en la zona.
Albergaba también a los dueños de caballos de carreras que se acercaban en las fechas patrias y otros festejos a pasar algunos días de parranda. Ella era una anfitriona singular y fue el puntal para el crecimiento de la zona.
Al denominársela “La Chilena”, de alguna manera se ocultaba en la sombra a la mujer, que muy pocos conocían con su verdadero nombre. Cocinar, limpiar, aconsejar y aguantar a los borrachines que se daban cita por ahí fue una de las tantas tareas que le cupo realizar.


Liria Mora de Crespo

En la esquina de Sarmiento casi Pellegrini existía una casa que se llamaba “La fonda de Crespo” que marcó un hito en la hotelería regional que data de 1930. En esta ocasión el apellido del marido no dejó saber de la identidad de su dueña, Doña Liria, por cuya fonda desfilaron los visitantes más importantes de la zona, incluso compañías teatrales y músicos.
Era Liria la que sostuvo con su trabajo incansable la delicada estructura de aquellos primeros atisbos de turismo de El Bolsón.
Fue ella la pionera en la utilización de la publicidad en los medios gráficos para dar a conocer su actividad en El Bolsón. Los medios de prensa regionales la incluían en su publicidades en donde aparecía su nombre y apellido completo.

Juana Sheffield

Juana Sheffield es la única hija del legendario Sheriff norteamericano que aún vive en la zona de Cuesta del Ternero. A ella le cupo el enorme destino de ser la persona que por primera vez vio al Plesiosaurio, ese animal mitológico, que su padre dijo haber visto en la Laguna Negra, cerca de Epuyén.
Juana transmitió esa vivencia a sus descendientes dando las características de aquella visión y fundamentando lo que todos consideraron una fabulación de una mente afiebrada de un yanqui aventurero.
Sin embargo, gracias a esa narración, los ojos del mundo se fijaron en esta zona y comenzaron a atraer a cada vez más turistas de todas las latitudes a conocer este paraíso.
Si bien los resultados de la expedición de búsqueda del plesiosaurio quedó trunca, aquel relato despertó el interés por conocer un poco más de esta apartada zona.
Juana Sheffield es un ejemplo de mujer luchadora y que no se amilanó ante nada y fundó su familia y la sostuvo con su trabajo y tesón.

Otras mujeres olvidadas

Las mujeres que se desempeñaron en otras actividades fuera del hogar como las enfermeras, porteras, maestras, parteras y yuyeras no han sido reconocidas en su aporte al crecimiento comarcal.
Bien vale la pena rescatar a Doña Maclovia Huenchupán quien fue en su oficio de yuyera y rezadora una presencia destacada al lado de los enfermos o rezando los novenarios y recordatorios a los seres difuntos de la comunidad.
Doña Chato que se destacó como partera o comadrona y siendo reconocida por la comunidad por su importante labor de traer al mundo a los hijos de sus congéneres.
Doña Adela Oyarzo que fue una quintera sin parangón que aún vive y cultiva sus huerta familiar transmitiendo a todos los conocimientos ancestrales traídos de su país natal: Chile.
Las primeras maestras que se afincaron en la zona que debían saber andar a caballo para tarsladarse a sus lejanos lugares de trabajo, manejar el hacha, hacer fuego y huerta escolar además de impartir conocimientos, debían aprender a manejarse en un medio hostil y extraño. Su tarea más difícil sin duda fue hacer respetar los símbolos patrios en una tierra poblada en su mayoría por ciudadanos chilenos.
Todas las mujeres cumplieron esta silenciosa tarea sin reclamar nada a cambio, pero no se puede dejar de reconocerles su indubitable capacidad de transmitir a las generaciones futuros toda su experiencia y capacidad.