Mitos y Leyendas
*por el Lic. Juan Domingo Matamala
   

EL MAITÉN

Este es uno de los árboles sagrados para los mapuches y se lo reverencia como tal.
El maitén es denominado científicamente Maytenus boaria y crece en zonas donde hay abundancia de agua. Sus hojas son muy apetecidas por el ganado y con razón los primeros habitantes de este valle la utilizaban para usos varios lo que produjo una rápida pérdida de su abundante existencia.
La madera del maitén es considerada dura y produce gran energía calórica y por tal motivo su leña era muy apreciada para cocinar y calefaccionar. La ceniza que produce la quema del maitén es singularmente fuerte y por ello las mujeres la usaban corrientemente para pelar el trigo. Eran muy rigurosas para obtener la ceniza que se mezclaba con agua y se procedía a hervir el trigo, luego este perdía su cáscara y con el trigo ya pelado se preparaba el afamado mote. El mote es la mezcla de trigo pelado con leche o con agua azucarada y generalmente se comía frío generando una gran sensación de frescura y saciedad, además de ser un alimento muy energizante. El trigo pelado se utilizaba también para preparar los guisos denominados criatureros, sopas y guisos que se servían al mediodía luego de una agobiante mañana de trabajo que había comenzado al amanecer en las tareas rurales. La denominación guiso criaturero, según sostiene Antolín Díaz González en su libro “El Bolsón como yo lo conocí”, se lo llamaba así porque proveía de tantas calorías que en esas noches se despertaban los deseos sexuales que a los nueve meses las esposas daban a luz un primoroso crío.
Según relata la leyenda los capitanejos tenían periódicas reuniones en las que se planificaban estrategias guerreras o determinaciones importantes para la tribu. Las mismas se llevaban a cabo bajo la frondosa copa de un maitén considerado el árbol de la verdad ya que la característica de esta planta es que donde crece, irremediablemente escarbando bajo sus raíces se encuentra agua.
El respeto por el árbol se manifestaba en estos cabildeos por la veracidad de las expresiones: bajo su sombra protectora no se podía mentir. De allí ha persistido esa denominación como, el maitén, árbol de la verdad.