EL
MAITÉN
Este
es uno de los árboles sagrados para los mapuches y se lo reverencia
como tal.
El maitén es denominado científicamente Maytenus boaria
y crece en zonas donde hay abundancia de agua. Sus hojas son muy apetecidas
por el ganado y con razón los primeros habitantes de este valle
la utilizaban para usos varios lo que produjo una rápida pérdida
de su abundante existencia.
La madera del maitén es considerada dura y produce gran energía
calórica y por tal motivo su leña era muy apreciada para
cocinar y calefaccionar. La ceniza que produce la quema del maitén
es singularmente fuerte y por ello las mujeres la usaban corrientemente
para pelar el trigo. Eran muy rigurosas para obtener la ceniza que se
mezclaba con agua y se procedía a hervir el trigo, luego este perdía
su cáscara y con el trigo ya pelado se preparaba el afamado mote.
El mote es la mezcla de trigo pelado con leche o con agua azucarada y
generalmente se comía frío generando una gran sensación
de frescura y saciedad, además de ser un alimento muy energizante.
El trigo pelado se utilizaba también para preparar los guisos denominados
criatureros, sopas y guisos que se servían al mediodía luego
de una agobiante mañana de trabajo que había comenzado al
amanecer en las tareas rurales. La denominación guiso criaturero,
según sostiene Antolín Díaz González en su
libro “El Bolsón como yo lo conocí”, se lo llamaba
así porque proveía de tantas calorías que en esas
noches se despertaban los deseos sexuales que a los nueve meses las esposas
daban a luz un primoroso crío.
Según relata la leyenda los capitanejos tenían periódicas
reuniones en las que se planificaban estrategias guerreras o determinaciones
importantes para la tribu. Las mismas se llevaban a cabo bajo la frondosa
copa de un maitén considerado el árbol de la verdad ya que
la característica de esta planta es que donde crece, irremediablemente
escarbando bajo sus raíces se encuentra agua.
El respeto por el árbol se manifestaba en estos cabildeos por la
veracidad de las expresiones: bajo su sombra protectora no se podía
mentir. De allí ha persistido esa denominación como, el
maitén, árbol de la verdad.
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