EL
COPIHUE
Es
la flor nacional de Chile, pero, merced a la colonización inicial
de este valle bolsonés por parte de ciudadanos chilenos, su leyenda
se aquerenció en la zona.
El copihue, en realidad, se llama Colcopiú a la flor y Copiú
al fruto, una suerte de pepinillo que se come. De allí la denominación
Copihue.
Es una enredadera muy vistosa con flores acampanadas de un rojo intenso,
casi carmín.
Su belleza deslumbrante es la reina de la selva araucana y se la ha erigido
en el símbolo de la raza cautiva.
Una de las canciones más emblemáticas de Chile se titula
la flor del Copihue y en su letra hay una hermosa descripción de
la misma.
Dice:
Abrió
sus pétalos rojos
bajo el nocturno sosiego.
Soy la flor que me despliego
en los cumbres somnolientas
las que al surgir la mañana
entre los riscos andinos
guardo en mis hojas sangrientas
las lágrimas araucanas.
La leyenda que ha llegado aquí por transmisión oral tiene
varias vertientes e interpretaciones. La que yo conocí de boca
de mis ancestros relata lo siguiente.
El genio malo que habita en las montañas altas, conocido con el
nombre de Huecuvú, solía de vez en cuando bajar a los valles
habitados y allí se dedicaba a realizar todo tipo de maldades.
Cuando iniciaba el descenso tenía la precaución de tomar
fuego de las llamas de los volcanes circundantes a su domicilio y con
él encendía pequeñas luminarias que iba dejando a
medida que bajaba hacia el valle, de tal manera que su camino de regreso
estaba asegurada por infinidad de lucecitas encendidas. La precaución
no era vana ya que como se dedicaba a beber en forma desmedida, ya borracho
para retornar, más de una vez había perdido el sendero y
se había extraviado.
Lo más importante era robar el mudai o la chicha, aquella bebida
elaborada por los hijos de la tierra y, aunque poseía una graduación
alcohólica menor, si se la ingiere en grandes cantidades produce
una insoportable borrachera.
Cierta vez fue vencido por los buenos espíritus protectores. Imploró
a éstos que le permitieran llevarse las luminarias para alumbrarse
en el obligado destierro que éstos le impusieron. Sus llorosas
súplicas fueron desoídas,
Es por este motivo es que las rojas campanitas de iluminación,
tan movedizas y vivaces, se convirtieron en la flor del copihue que pende
en las ramas con aquel tinte tan peculiar. |