Mitos y Leyendas
*por el Lic. Juan Domingo Matamala
   

LA LEYENDA DEL CACIQUE FOYEL

Los hijos de esta tierra han sido famosos por sus bravíos caciques que durante años los condujeron con mano segura hacia un destino de grandeza. Su mano vigorosa para tomar las armas y luchar fueron llevadas al mundo de lo mítico por los mismos miembros de otras tribus y aún por los mismos blancos que intentaron en vano conquistarlos.
Hubo caciques antológicos como Calfucurá, Namuncurá, Inacayal, Saihueque y tantos otros.
Tal vez el menos conocido sea el Cacique Foyel quien extendía sus dominios al Sur del Lago Nahuel Huapi. Muchas han sido las proezas que se le han atribuido a lo largo de los años pero el motivo por el que persiste su nombre hasta la fecha es ajeno a su perfil guerrero. Foyel era una figura que concitaba admiración y simpatía ya que poseía criterios amplios poco comunes entre su raza mapuche. Fue esa faceta la que le permitió hacer buenas relaciones, alejadas de las guerras, con los blancos y especialmente con el Ejército Argentino.
Mucho se ha discutido también acerca de su verdadero origen. Mientras algunos sostienen que era araucano puro otros investigadores lo consideran tehuelche. Más allá de estas posibilidades de pertenencia étnica Foyel dejó una huella que podemos intuir fue muy nebulosa.
De acuerdo a la pertenencia de raza los historiadores le han conferido diversas habilidades: los que lo creían araucano sostenían que era simpático y de buena predisposición a parlamentar. Los demás dicen que era un tehuelche indómito, de temperamento guerrero, obstinado y rebelde. En lo que todos coinciden es que era un eximio cazador de avestruces y guanacos y que su habilidad sobre el caballo y con las boleadoras le granjearon un rápido respeto por parte de amigos y enemigos.
Cómo logró amasar una considerable fortuna en oro, joyas y abundante plata, es un misterio que aún no se devela. Como tampoco se ha podido saber exactamente dónde murió.
La suma de estos hechos alimentaron con rapidez la leyenda. La más conocida sostiene que su tesoro de incalculable monto fue enterrado en las laderas del Cerro Fortaleza que se ubica a la vera de la Ruta 258, entre las poblaciones de El Foyel y El Bolsón. Vanos han sido los intentos por localizar el tesoro tantas veces evocado por viajeros y viejos pobladores. Las pistas conducen a ese lugar de accedo sencillo pero, quien se atreve, generalmente solo a ubicarlos, irremediablemente muere en el intento y, en consecuencia, prosigue el misterio sobre su exacta ubicación.
La tentación a saquear su tesoro es tan viejo como la historia. Las afiebradas mentes que lo han intentado encontrar no han regresado de semejante empresa, pero, al no haber comentado a nadie su secreta ambición y partida, nadie ha atado a ese motivo la muerte y desaparición del buscador de tesoros.
Sin embargo la idea de la veracidad de su existencia trae año a año a diversas personas en busca del tesoro inexpugnable que sigue virgen en el Cerro Fortaleza.
Algunos investigadores afirman que en realidad lo que sucedió es que Foyel accedió a una de las entradas de la Ciudad Encantada y paulatinamente fue saqueando aquellos tesoros para ocultarlos en esa formación rocosa del Cerro Fortaleza, bautizado así por su inexpugnable ubicación. Esto sumaría a la leyenda un elemento más para su perfecta credibilidad: Foyel no sólo sabía la ubicación de aquella mítica ciudad sino que logró salir con vida y con tesoros y ocultarlos tan bien que hasta la fecha permanece oculto.
Esta leyenda ha sido relatada cantidad de veces por quienes pasaron por aquí. Textos escritos se pueden rastrear en la abundante literatura patagónica y si no puede entrevistarse con los pocos memoriosos que viven aún por la región y se lo relatarán con lujo de detalles…

La nomenclatura regional da señales de recuerdo a este cacique en el Río que nace el Departamento Ñorquinco en la Provincia de Río Negro y se comunica con el Río Manso, donde finalmente desagua.

El nombre del cacique Foyel proviene del mapuche. Como se acostumbraba en esa cultura las personas llevaban nombres de plantas o animales que los significaran. En este caso, Foye es el canelo, una planta de hondo significado para este pueblo que lo considera sagrado. Sus ramas se las encuentra en los rituales anuales como el Camaruco adornando el rehue o altar erigido en homenaje a la madre tierra.